sábado, 10 de mayo de 2014

Felicidades, es una niña!

5 de octubre, 2010

Alrededor de las 6:00 a.m.: Comienzo a sentir contracciones, sensación similar a un cólico muy fuerte. Me siento en cama esperando que sólo sea momentáneo. No lo es. Baño. Se rompe la fuente. Maleta. Hospital. En el cuarto tras la revisión del doctor: "Pensé que sólo te íbamos a revisar y mandar de nuevo a dormir, resulta que no, te quedas. Hoy nace Emilia". A partir de ese momento todos los músculos de mi cuerpo se comenzaron a tensar. Recuerdo estar acostada tratando de concentrarme en no sentir los dolores de las contracciones. Me resultó imposible. 

Cerca de las 9:30 a.m.: Cambio de cuarto previo al quirófano, de nuevo el doctor: "Nuria, la niña no se encaja en el canal de parto, podemos esperar 12 horas a que nazca y te ponemos a ti bajo medicamento o te pasamos a quirófano a las 10:00" - Entro a quirófano, y denme drogas ¡ya!.

10:00 a.m.: Acostada en camilla dentro de quirófano viendo el techo blanco y escuchando a varias personas platicar, poniendo música, discutiendo el clima. Mis brazos no dejaban de temblar, la epídural ni siquiera la siento. Estoy mucho más nerviosa de lo que he estado en mi vida. Trato de hablar con el papá de Emilia y me doy cuenta que no soy la única a punto del colapso. Somos unos niños, yo 24, él 25, tratando de hacer el mejor papel posible para que todo suceda sin contratiempos. Siento cómo mueven todo mi cuerpo, comienzo a creer que la anestesia no hizo efecto del todo. Son sólo nervios. 

10:18 a.m.: Siento una especie de vacío y un grito agudo, llanto de molestia. Emilia nace. 2830 gr, 49.5 cm 9-10 APGAR, 20 dedos, 1 cabeza, fuertes pulmones, 2 manos, 2 brazos, 2 pies, 1 corazón. Ella es como hasta hoy... perfecta. Sólo escucho sus gritos y su papá ya no está sentado a mi lado. Y así de pronto me la acercan, me la pegan al cachete y en ese momento sé que mi vida dejó de ser mía por siempre, ella lo sabe también, hasta ese momento deja de llorar para abrir muy grandes sus ojos turbios y sentir mi presencia. "Así que eras tu quién me pateaba eh". Fue todo, se la llevan. No la vuelvo a ver hasta alrededor de las 17:00 hrs. que me la llevan al cuarto, la cargo por primera vez y es oficial, estoy perdidamente enamorada.

Pánico absoluto fue un sentimiento que me embargó durante la primer semana de vida de Emilia, me era imposible bañarla, cambiarle el pañal, incluso cargarla. Era tan frágil, tan chiquita, tan liviana. Su padre me enseñó a tener confianza, a perderle el miedo. Toda mi vida le estaré agradecida por ello. Llegado el momento de encontrarnos completamente solas en la casa, nos perdimos el temor, nos empezamos a tener confianza y a tener una complicidad que sólo adoptas con aquellos que te conocen y te aman. 

Han pasado 3 años, 7 meses desde ese día. No hay palabras que describan lo que significa para mi ser mamá. Ha sido la mejor y más enriquecedora experiencia que he tenido. No es sólo el hecho de crecer a su lado yo como persona, de verla a ella crecer y convertirse en el empuje que me hace despertar todos los días. Es algo mucho más fuerte, algo que jamás me creí capaz de sentir. No es exageración decir que un simple "buenos días mami" hacen que cada segundo de mi día valga la pena. Emilia es mi vida, ella es mi motivación, es mi alegría, es mi orgullo, es el sentido de mi latir.

No sé si estoy haciendo un buen o mal papel al educarla, al quizá muchas veces consentirla de más. Sólo sé que llegado el momento ella sabrá que hice mi mejor esfuerzo. Que llegó a revolucionar por completo mis días, que mi vida no es ni remotamente cercana a lo que siempre creí que iba a ser. Que cada esfuerzo y decisión que he tomado a partir de su llegada han sido enfocadas en nuestro bienestar. Trabajo, casa, familia, todo para mi tiene un significado y no importa qué tan difícil me haya resultado, siempre todo será por algo mejor para ella y para mi. Ella cambió mi forma de ver la vida, mi forma de reaccionar ante muchas situaciones. Ella me convirtió en una persona más fuerte, pero también más sensible. Más decidida pero también mucho más vulnerable. Más centrada pero con los pies en las nubes cuando se trata de su sonrisa. Más ecuánime y menos impulsiva. 

En fin, hoy no concibo mi realidad sin su vocecita ronca, sin sus ojos inquisitivos, sin su dedito gordo del pie incrustándose en mi pierna, sin sus ataques de besos, sin su inteligencia, sin sus dramas, sin su sonrisa y su forma de decir "chocoprispis", sin sus retos, sin sus abrazos, sin sus caricias, sin su sensibilidad. Verla convertirse en una niña segura, fuerte, inteligente, empática, tierna, cariñosa, independiente hacen que mi percepción de todo lo que me rodea cambie. 

Dicen que los hijos somos resultado de nuestros padres, se equivocan, yo me convertí en quien soy gracias a Emilia. 

Feliz 10 de mayo en especial a la mujer que más admiro en el planeta, a mi mamá, mi modelo de vida y ejemplo de cómo ser una excelente madre. Gracias mami, por cada minuto de tu vida dedicado a mi y a mi hermana. Te amo con cada milímetro de mi ser y por siempre gracias por enseñarme a ser la mejor mamá que Emilia pueda tener. 

Buenas y amorosas noches.
Nuria.

jueves, 1 de mayo de 2014

Carta a mi.

Estimada Nuria,
 
 
Ojalá tuviera algo que decirte para reconfortarte ahora que últimamente has estado muy necesitada de afecto. No mentiré, no lo tengo, quizá sólo que tienes que aprender a ser más paciente, el tiempo si bien no cura todo por lo menos ayuda a entender porqué las cosas pasan. Paciente con las personas, paciente con tu hija, paciente contigo misma. Es todo lo que puedo ofrecerte como consejo en este momento.
 
He visto tus avances en estos meses, más debo invitarte a que dejes de menospreciarte, deja de hablar mal de ti y de darle poca importancia a las cosas que sí la tienen. Ser vulnerable no es un defecto, al contrario, aprende a reconocer que es lo que te ha hecho más humana, más empática, menos fría. Estar tan en contacto con tus emociones es lo que te ha permitido no perder la razón. La gente a tu alrededor te quiere por quien eres, incluso cuando lloras leyendo en Sanborns. No es malo de vez en cuando decir "te necesito", "quiero un abrazo"; ser más, o menos "ruda" no te da ventaja sobre los demás, simplemente te define. 
 
Aprende a reconocer la fortaleza que hay dentro de ti, me canso de escuchar que no puedes, que es muy difícil, que no tienes suficiente tiempo, aprende a valorarte, a sonreírte en el espejo, no lo haces con frecuencia y es posible que con el tiempo si tu lo dejas de hacer la gente deje de hacerlo por ti.
 
No dejes de arreglarte, de usar tacones, maquillarte y de sumir la panza al caminar o sentarte (ambas sabemos que es un reflejo involuntario desde que tienes uso de razón) para ti es importante cómo te ves y si ello te genera seguridad de algún modo, date el tiempo necesario para ello. No importa qué tan mal te sientas, no importa si la persona que esperabas lo notara no lo hace, haz las cosas por y para ti, todo empieza desde adentro y se termina reflejando afuera, no lo pierdas de vista nunca. No dejes el box, por fin después de 28 años encontraste un deporte que te hace feliz, para el que eres buena y que dicho sea de paso te mantiene en forma lo suficiente para seguir comiendo tacos de tripa.
 
Y sobre todo deja de frustrar tus intentos de felicidad, no le tengas miedo a ser feliz, no pongas barreras ni bloquees a la gente que intenta sacarte una sonrisa. ¿Qué tan duro puede ser el golpe como para que no valga la pena si quiera intentarlo? Tus egoístas acciones han lastimado a las suficientes personas como para que dejes de usar de excusa lo que pasa en tu vida y simplemente les permitas entrar, ayudarte, estar. Metete en la cabeza que cuando la gente te dice algo o te ofrece ayuda no te está tratando de controlar, simplemente se preocupa por tu trasero. Deja de estar a la defensiva, vuelve a ser tu, enamórate, entrégate, quiérete. Deja que te enamoren, que te quieran, que te cuiden, que te apapachen. Al final de eso se trata todo: de disfrutar más y sufrir menos.
 
No sé qué vaya a suceder con nosotras pero te juro que todo va a estar bien. Tranquila.
 
Buenas noches,
Nuria.
 

martes, 22 de abril de 2014

Volví.

Hoy quiero hacerles dos invitaciones: la primera consiste en dejar de leerme si les parece ofensivo y/o agresivo mi manera de contarles qué pasa en mi vida, permítanme explicarles el por qué: en un acto de "prudencia" de mi parte dejé de escribir por tratar de no afectar a nadie en el proceso de mi divorcio. Sí, MI divorcio. Bueno el día de hoy con mucho orgullo puedo decir que las únicas tres personas involucradas en este asunto estamos en paz, y justo en esa línea de respeto me voy a mantener, de tal manera que lo único que pido a cambio es lo mismo. No espero comprendan mis motivos, no espero se pongan en mi lugar, este es un espacio abierto y como tal los invito a mantener abierta la mente, si es que deciden seguir leyendo.
 
Y la segunda es: no crean todo lo que leen en las redes sociales, un perfil de Facebook, una cuenta en twitter, incluso un blog, está cien por ciento sentenciado a ser visto, leído, procesado, llámenle como quieran a la percepción del receptor, no del emisor. Lo cual puede o no cambiar por completo la perspectiva de quien trata de transmitir el mensaje. Nunca pierdan de vista eso, al prestarte a abrir cualquier perfil en la red te prestas a ser juzgado, es cierto, y más si como yo deciden exponer de esta manera sus emociones, pero también al volverte juez no puedes ignorar que cualquier enunciado o incluso una fotografía va a depender de la manera en que tú estás decidiendo verlo. Los seres humanos somos tan complejos que es imposible asumir que la forma de percibir mi entorno sea la misma que la de cualquier otro.
 
Quizá parezca extraño que cuando la tendencia de mis entradas haya ido siempre encaminada a cómo me siento, a cómo he pasado por esto, la verdad es que no lo es. Si algo he aprendido es a defender mi punto de vista, y no ha habido una sola palabra que hay en este blog que no sea mi manera de procesar todas estas emociones. No estoy enojada, no estoy agresiva, no estoy a la defensiva. Ésta soy yo, y soy la que se pinta la boca para sentir seguridad, y soy la mamá que daría su vida por la felicidad de mi hija, y soy la que siente frío, y soy la que ríe, llora, se enoja, se frustra, ama, odia, habla, escucha, y soy la que hoy les pide respeto y tolerancia, mismo que yo siempre estoy dispuesta a dar.  
 
Es todo, volví.
 
 
Buenas noches,
Nuria

miércoles, 29 de enero de 2014

Ráfagas de frío.

Manejando camino a casa, me pregunté si es que el motivo por el que decidí parar un tiempo de expresarme de esta manera, era razón suficiente. La conclusión fue: no; no es parte de mi naturaleza moverme por la inercia del compromiso, dejar que algo me afecte tanto como para ir en contra de lo que creo. Quizá sólo soy necia. Al final de cuentas aquí estoy de nuevo, con la necesidad de plasmar cosas que mi boca no sabe articular pero mis dedos logran de alguna manera transmitir.

Aun tengo frio, no del tipo que se quita con una cobija o estando bajo el sol. Es un frio que va y viene, que si bien no es paralizante y me permite sonreír de verdad, también comienza a ser una sensación constante, que parece no querer irse del todo. Paciencia. Tiempo. Eventualmente dejará de representar un problema.

Me gusta la idea romántica del destino, creer que las personas aparecen y desaparecen con algún fin en la vida. Que hay un camino marcado para cada persona lleno de propósitos que en algún momento se deberán descubrir. Pero por más seductor que me resulte este concepto, parte de mi prefiere creer que si bien hay un destino, debe tener bifurcaciones y yo soy quien elige cuál camino tomar y de esta manera a terminar de delinear las líneas punteadas. Por primera vez en mi vida creo en la fuerza que hay en mi para tomar decisiones, por primera vez siento como mi corazón y mi cerebro se comunican y aunque jamás coinciden, estamos aprendiendo a escucharnos y a decidir de manera menos visceral, mas consciente. Y ello me genera paz, tranquilidad, estabilidad, que permite disipar poco a poco el frio.

Ver las cosas desde otros ángulos; detenerme, pensar y luego actuar; cambiar la forma en la que normalmente haría algo, comienza a tener resultados. No va a ser un camino fácil ni rápido, pero mientras mis latidos acepten de vez en cuando acelerarse y aprendan también relajarse, creo que todo estará bien y el calor que me empieza a envolver ya no se irá.

Buenas noches.
Nuria

jueves, 24 de octubre de 2013

Fácil. Díficil.

(...) I never meant to start a war
I just wanted you to let me in
And instead of using force
I guess I should’ve let you in
I never meant to start a war
I just wanted you to let me in
I guess I should’ve let you in

Don’t you ever say I just walked away (...)




Fácil es jugar a la maldad. Fácil es huir de lo que se "debe" hacer. Fácil es distraer a tus demonios con algún placer momentáneo. Fácil es opinar, criticar, juzgar. Fácil es actuar sin pensar. Fácil es olvidarte del resto del mundo y concentrarte sólo en ti. Fácil es decir "no creo en el amor", cuando es lo único que rodea la mente. Fácil es fingir un tono de voz, una caricia, un gesto. Fácil es abstraerte de la realidad en lugares con altos decibeles que callan los pensamientos. Fácil es desquitar sentimientos con quién no entiende de lo que se habla. Fácil es secarse las lágrimas con toallas de soberbia. Fácil es ignorar la mirada lastimera de alguien que percibe tu dolor. Fácil es aguantar el nudo en la garganta con cada abrazo apretado. Fácil es cantar a todo pulmón imaginando que alguien más comparte y entiende tu sentir para perder la sensación de abandono. Fácil es culpar a quién compartió... todo. Fácil es tapar la piel con pijama de franela y calcetines de lana cubriéndose con cobijas llenas de historia para tratar de calmar el frío.

Difícil es no poder decir en voz alta todo lo que aprieta el pecho. Difícil no pronunciar "quédate" sólo por no estar sola. Difícil es no confundir la comodidad del corazón al reconocer una voz familiar con las verdaderas ganas de querer escucharla. Difícil es sacar tanto enojo y frustración, querer sólo llorar y tener que sonreír porque no hay más opciones. Difícil no quejarse del cansancio y buscar energía por debajo de las uñas para no quedarse dormida al caminar. Difícil es no decir "te necesito" cuando tratas de encontrar tu camino de independencia. Difícil es tratar de correr más lejos, rápido, y reconocer que tus piernas no dan para más. Difícil encontrarse aislada en un cuarto lleno de gente y ver el tiempo en cámara lenta. Difícil es pedir ayuda cuándo no se sabe pronunciarlo. Difícil es levantarse todos los días al sonido de una alarma de manera mecánica queriendo no despertar.  Difícil es pronunciar frases en las que no terminas de creer, por más que las repitas a diario. Difícil es exponer mi vida y mi sentir cuando no termino de entenderla ni yo misma; tratando de manifestar sentimientos que sólo sabes reprimir. Difícil es no saber a dónde girar, no saber reaccionar, apartar mi dolor porque hay alguien más que necesita de mi al cien por ciento aunque no tenga fuerza para hacerlo. Pero definitivamente nada más difícil que ver a mi bebé luchar por aprender a manejar emociones tan fuertes como el enojo y la frustración, cuando la única que debería dominar es la de la felicidad. Escucharla llorar sin que entienda el motivo de su sentir, verla golpear con su manita y toda la fuerza de su ser contra un asiento sin saber cómo contenerla. Sentirse inútil por no saber ser los brazos capaces de protegerla de cualquier monstruo, no ser capaz de ser su lugar seguro.


Que difícil es pretender que todo es fácil.

Buenas noches.
Nuria



sábado, 12 de octubre de 2013

"... Pero querías novia bonita ¿no?"

"Eres como un vato más" palabras inmortales de Enrique. Palabras que no salen de mi cabeza desde hace un par de días. En su defensa quiso alegar que se refería a que se siente en la confianza para decirme cosas que no a cualquier mujer le diría. Dudo tuviera mala intención. Pero me pregunto si esa es la impresión que doy porque desde hace un par de semanas, he escuchado en varias ocasiones que tengo más testículos de lo que me gustaría admitir.

"Machorra" es otra de las palabras que últimamente figuran mucho en mi vocabulario. Tampoco estoy segura de ser feliz escuchando que soy machorra, sólo por el hecho de no ser precisamente delicada. Aunque delicada para quién, si me preguntan no soy precisamente una mujer de rosas, pero claro que me gustan los detalles, las atenciones, mujer que diga que no le gusta que le pongan atención... miente. Si bien es cierto que no soy de peluches y chocolates, y acepte que no me molestaría nada que un día el detalle consistiera en tacos de tripa súper dorada y picada con dos salsas mucho limón y una bohemia oscura... no me hace machorra o ¿si?. Soy perfectamente capaz de andar un día completo en tacones y falda incluida la natación de Emilia con todo y sus negativas a salir de la alberca, a meterse a bañar, a cenar... quizá no lo haría perfectamente maquillada y peinada, pero mi papá dice que las niñas bonitas sólo se necesitan bañar y no sólo le creo... dudo que cualquier persona lograra hacerlo.  

Pareciera que estoy justificando mi forma de ser, pero no... soy muy partidaria de la idea de que si algo no te gusta no lo hagas, si te molesta mi forma de ser, no convivas; si no te gusta como me visto, no me veas... es fácil, a veces creo nos esforzamos más por complicarnos la vida que en realidad por disfrutar. Y más que justificación, sólo comparto mi preocupación por esto de no ser tan princesa y más preocupación por no estar segura que me perturbe del todo no serlo. Me gusta ser yo al final del día y seguro que hay gente que le gusta como soy. 

Sería una larga entrada si hablara de cada una de las personas que han marcado mi forma de ser amorosamente hablando (quizá algún día les dedique una entrada a cada uno, aunque no sé si les daría gusto leer lo que tengo que decir). Sólo diré que no puedo quejarme, la verdad es que a su manera todos me quisieron por lo menos en algún momento mucho y lo que sí es que cada uno me fue dando más fuerza y más autoestima para saber marcar límites en cuánto qué puedo tolerar y qué definitivamente no, qué es lo que quiero cerca de mi y qué quiero yo como persona. Sería excesivamente fácil culparlos y decir que cada uno me fue rompiendo el corazón poco a poco y me hice "ruda". Se tira al suelo con música de violines de fondo. Pero la verdad es que no lo soy, nada si me apuran,  de hecho no fui la única que salió perdiendo, sólo soy muy calzonuda y orgullosa y quizá eso provoque dar una apariencia no tan frágil por decirlo de alguna manera... pero insisto que aunque no me vista de rosa todos los días no quiere decir que no me sepa los diálogos de la Bella Durmiente.

Es como acordarse de la primera vez que me besaron, hace 14 años (ouch) situación más bizarra cuando no tienes la más mínima experiencia al respecto, como toda primera vez es un cúmulo de emociones y sensaciones que jamás esperas. Eso unido al hecho de que fue una experiencia extrema porque mi compañero de fechoría decidió prudente llamar mi atención acostándose a mitad de unas vías de tren, con el tren acercándose a nosotros generándome más angustia que admiración... hicieron que la situación se tornara más interesante. Evidentemente lo mejor de todo no fue el beso en sí, porque como muchas veces en mi vida yo no tenía idea de lo que hacía, me angustiaba más el hecho de tener brackets y tratar de no lacerarle la boca, como sucedía con mis cachetes, que si quiera considerar hacerlo bien. Lo mejor de la situación fue que después de besarme me agarraron de la mano para caminar hacia mi casa y esa sensación de bienestar y de amor por alguien que no era parte de mi familia, me acompañaron por el resto de mi vida y ese fue mi parte aguas hasta hoy. No recuerdo exactamente el beso, pero si el calor de su mano y que ahí entendí que ya nunca iba a volver a ser igual.
 
No sé, menuda complicación escribir de uno mismo sin que suene ni a presunción ni a menosprecio. Con el tiempo irá saliendo mi verdadero yo y se darán cuenta que he cambiado mucho desde ese primer beso hasta mi "machorrez" actual... aunque en esencia siempre voy a ser la niña tierna gordita que le gusta sonreír, cantar, mojarse en la lluvia, los abrazos y decir te quiero. 

Buenos días.
Nuria

martes, 8 de octubre de 2013

90- 60-90


Volviendo al tema de desnudar mi persona frente a quien sea que me lea, yo y mis 65 kilos (sí, acabo de hacer de dominio popular mi sobre peso y ¿qué?) estamos muy perturbados porque últimamente en todos lados veo que la gente corre... hacia dónde, de qué, porqué... no lo sé, pero es un hecho comprobable que la moda estos días consiste en estar fit, como dice mi hermana.

He de confesar que lo intenté un par de ocasiones pero anatómicamente soy no apta para hacerlo, mis tobillos chocan, no sé respirar, me duelen las plantas de los pies.. como sea, no se me da correr. Pero como últimamente necesito aferrarme a algo que me genere seguridad, la verdad es que caí en la onda fitness y voy al gimnasio a pararme unas jodas de terror (aunque mi entrenador diga lo contrario). Honestamente ya le estoy tomando el gusto, y más allá de la emoción de compartir los aparatos sudados con mucha gente, el vapor con personas de la tercera edad que tienen cierta afición por untarse exfoliantes florales, señoras que en el vestidor no conocen la palabra recato... la verdad es que es un lugar muy pintoresco. Por ejemplo hay un grupo de individuos a quienes la hipertrofia muscular les ha llegado a inflamar un poco las membranas cerebrales de tal manera que les impide actuar de forma decente dentro de la sociedad, en un espacio en el que da la impresión que se sienten reyes, como si ellos fueran el camino a seguir por tener músculos inflados que desde mi particular forma de ver las cosas el físico queda en segundo plano siempre y más cuando deja mucho que desear la manera en la que su comportamiento de pavorreales les limita la educación con el resto de la gente con la que comparten un área. 

Mi problema no radica en ellos como personas debo aclarar, sé que los estoy prejuzgando, no he tenido el placer de entablar una conversación con ninguno, en realidad mi problema es la necesidad de llamar la atención a base de pujidos cavernarios y la manera en la que todo el tiempo juegan a lo que suelo llamar "medir el miembro más grande" expresión que utilizo cuando un grupo de machos compite de manera absurda por demostrar hombría. Lo cual me perturba en niveles ridículos, es algo más fuerte que yo, que me desquicia. Quizá esta alteración sólo sea parte de mi intolerancia de estos días... es altamente posible, no lo sé con exactitud, últimamente estoy descubriendo cosas que no sabía me molestaban tanto. Como sea, la verdad es que aunque dudo algún día emocionarme al encontrarlos, me dan material para escribir, cosa que les agradezco infinitamente.

Y aun a pesar de mi ineptitud corredora hice una apuesta con Panda, mi mejor compañero de fiesta, amigo, primo y personaje a quien amo con toda mi alma,  que le ganaría una carrera de 5 km... ¿por qué? lo desconozco, sé que tengo toda la desventaja en mi contra, que él entrena con frecuencia, y sobre todo SABE correr, pero confío en que mi infinito orgullo me va a dar el empuje que necesito para ganar y así demostrarme que sí puedo correr, que ha valido la pena tanto esfuerzo y así acumular otra pequeña victoria.

Como sea espero pronto ver resultados y que esos 65 kilos de puro poder se reduzcan por lo menos un 12% antes de que pierda la razón. Y para una persona que gran parte de su vida vivió con ligeros problemas de sobre peso ya debería estar acostumbrada a cargar un poco de más. Aunque debo confesar que creo debería estar agradecida porque gracias a esa gran pancita que tenía en la infancia, logré desarrollar ciertas características de mi persona que hoy me definen. Por ejemplo, aprendí a reírme de mi antes de que alguien más lo hiciera... habilidad que me permite sobrellevar muchas críticas que sin querer te encuentras en el camino. Aprendí a ser una persona empática porque por alguna razón los niños gorditos provocan ternura (no siempre, aunque en mi caso así fue) entonces la gente se tornaba bastante amable en mi presencia porque no representaba una amenaza. Entonces la verdad es que no me fue tan mal teniendo más cachetes que  la mayoría, el problema se volvió una vez que conocí la delgadez... y entonces comencé a traicionar mis ideales de no ejercicio, que toda la vida pregoné...

El punto es que no lo hay y solamente sigo buscando equilibrio... y después de un par de semanas, la balanza comienza a tener más forma.

Buenas noches.
Nuria