martes, 30 de septiembre de 2014

Mudanza.

Cuatro años de mi vida empacados en cajas, bolsas y maletas, un par de tiliches necesarios y todo en la sala, todo apretujado esperando cambiar de locación. Es impresionante la cantidad de cosas a las que uno se aferra por el simple hecho de no perder un recuerdo, que en mi caso debería tener una mansión para guardar absolutamente todo debido a mi pésima memoria. Cuando en realidad las cosas son simples facilitadores de la vida. Lo difícil es decidir si se empacan, se tiran o se donan los sentimientos que acompañan las cosas. Cuál es la regla para eso? Cómo se separa?  No es el primer portarretratos que se colgó, es lo que representa.

Pues hoy es el último día que estoy en lo que fue mi hogar durante 4 años. Lugar que vio a Emilia crecer, caminar, hablar, gatear, correr, comer; fue víctima de los intentos de Bielski por aprender a hacer del baño (cosa que yo jamás logré), de sus ataques de hambre a mis paredes, de mis intentos por colgar cuadros fallido que sólo conseguí con ayuda del chaparrito. En fin, este departamento me vio a mi también crecer, reír muchísimo, comer no se diga, beber, llorar, confesarme; fue mi cómplice en muchos aspectos. Si mis muebles y paredes hablaran podríamos hacer grandes telenovelas, por eso me voy (y también porque el dueño lo va a vender, pero ello resta dramatismo).

La parte de mi que está melancólica siente un apego muy fuerte por este lugar, pero he de confesar que es una pequeña, muy pequeña parte de mi. Durante todo el proceso de la separación siempre creí que debía salirme del lugar que todo el tiempo torturaba mi mente, muchos días no fui capaz de estar aquí sola, la sensación de encierro y de sentir el corazón apachurrado me seguían a menudo cuando todo estaba muy fresco. Todo era un constante recordatorio de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que destruimos. Pero como todo, conforme fue pasando el tiempo fui tomándole gusto de más a estar sola, a no tener que compartir mis manías y a disfrutar el silencio, un libro, a no lavarme los dientes por dormir sola, cenar hasta sentir mi panza reventar, incluso ir al baño sin interrupciones (situación que no se presenta a menudo).

Y la otra gran parte de mi sabe que necesito esto, que cerrar ciclos es lo más sano para que los pasos se aligeren al subir. Esta parte de mi que me tiene ansiosa de llegar a un nuevo lugar y decir que es casa de Emilia y mía. Una nueva vista, un nuevo cuarto, todo diferente. Cambio de chip. Nuevas oportunidades.

Sólo espero la nueva casa sea tan generosa como lo fue esta, llena de calidez y mucho amor, eso sí, nunca faltó amor ni risas. Que al final es lo único por lo que de verdad vale la pena vivir. No sé bien que me depare este futuro próximo pero por lo menos hoy me siento en el camino correcto, espero cuando vuelva a estar harta de la mudanza siga con la misma actitud lover con la que me siento a las 10:10 am...   Si es que lo consigo, prometo hacer unos clamatitos de bienvenida, mismos que ofrezco para quien guste ayudar a desempacar porque aaaaaahhh que joda la mudanza. 

Así pues es la última vez que escribo desde mi cuarto, y tengo la vista del bosque de mi media luna. Adiós Boscoso!!

Todo va a estar bien, todo va a estar mejor.

Buenos días.
Nuria.



jueves, 11 de septiembre de 2014

A mis 28.

"... Hoy crucé el temor a la soledad
     y junté el valor para navegar
     todo el ancho mar
     voy a pasar..."

A mis 28 años muchas cosas han cambiado, mi esencia sigue siendo la misma, sigo siendo la misma gordita sonriente que cuando tenia 4 años. La diferencia es que hoy sonrío no por reflejo ni por inocencia, lo hago por agradecimiento, satisfacción, por placer, porque ahora lo hago cuando realmente me nace y lo hago con el corazón.

Que si creo que he madurado de un año para acá, donde mis entradas no me dejarán mentir todo era ira y desolación, no lo creo. Mas bien sé que hoy la perspectiva es diferente. Evidentemente la tormenta dejó de golpear las ventanas y el ruido del viento, si es que llega a azotar, no me molesta más. 

Todo este año he aprendido a explotar mis cualidades, he hecho esfuerzos descomunales por no perder el control, por ser prudente, por dar esfuerzos extra, por no castigarme por decisiones que he tomado, por ser empática con quien no quise serlo, por mantenerme lo más estable posible, por aprender a respetar a los demás, por enseñar a los demás a respetarme, por ser firme, por poner limites sin traicionar lo que yo considero importante, por escuchar consejos y llevarlos a cabo, por reconocer a las demás personas. En fin ha sido un año extremadamente interesante y de millones de aprendizajes.

Por ejemplo ayer me enfrenté a uno de mis más grandes temores. Una paloma de la muerte diría mi amiga Wendy, En cualquier otro momento de mi vida hubiera corrido por el policía de la caseta y le hubiera pedido auxilio, pero tras una hora de lanzarle cosas (incluida una toalla de manos que ahora vive en el techo de mis vecinos de planta baja junto a la sirena de Emilia), ocho mil porras de Panda después, que pasó desde el "hazle una de tus combinaciones" hasta "es un juego mental, no puede más que tu" y finalmente rociarla de protector de zapatos, salió por la ventana. El punto no es haberla derrotado, si no haber conseguido enfrentarla. Detenerme y saber que no hay más opciones, o lo hago o me metía a la cuna de Emilia a rezar porque saliera la desgraciada. Así ha sido mi año, saber que si no hago las cosas por mi, si no las enfrento, si no me levanto de la cama, si no cambio mi actitud nadie lo hará por mi, no importa cuanto se preocupen, cuanto me ayuden, cuanto me alienten, o cuanto estén al pendiente de mi. Yo soy la única con la capacidad de cambiar mi camino, o mínimo si no puedo cambiarlo por lo menos puedo irme cagando de risa mientras me ensucio en el intento.

A mis 28 años soy capaz de reconocer que he tenido avances monumentales como persona, como mamá. Emilia por ejemplo duerme ahora en su cuarto, en la escuela está inmejorablemente bien portada. Sigue siendo una niña tierna y cariñosa y cada vez me sorprende más su capacidad intelectual, a veces me encuentro tratándola como si fuera una adolescente cuando la verdad es que es una bebé, simplemente es extraño tratarla como bebé cuándo me pide pijamas (y la cito textual) de esqueletos de dinosaurios. No tiene ni los 4 años cumplidos y está aprendiendo a jugar ajedrez y gracias a su papá cree que los circles son super cool. No se preocupen, con el tiempo sabrá, gracias a su mamá, que ser salvajemente grupera y destruir las torres que le gusta armar también es digno de presumirse. No sé, ser mamá sigue siendo territorio desconocido, lo único que no pierde nitidez es que sin esa sonrisa y sin esos ojos mi vida no tendría sentido. Y que cada uno de los esfuerzos que hemos hecho su papá y yo aun en contra de nuestros propios impulsos han valido la pena. Emilia está perfecta y todo lo demás queda en segundo plano.

Así que tengo 28 años, y en mi vida no hay un orden definido o un programa de pasos, definitivamente no soy una persona de estructuras, me matan, pero soy capaz de cualquier cosa, desde enfrentar a un país extraño sin conocimiento de la lengua, pasando por ayudar a planear la boda más bonita en la que he estado, hacer planes con quien pensé ya no figuraba en su vida y quien algún día entenderá que siempre estoy descalza, ganar concursos de box, volver a unir lazos con mis amigos de toda la vida, entablar una amistad genuina con el papá de Emilia a pesar de cualquier probabilidad,  disfrutar los domingos con mis papás, de ser honestamente feliz por ver a mi hermana feliz, afianzar mi amistad con quienes entienden cada uno de mis chistes sin explicación, de matar criaturas gigantes cubiertas de pelo y colmillos dispuestas a matarme. En fin, estoy consciente que mi capacidad radica en la seguridad que le inyecto a las decisiones que tomo.  

Y sobre todo a mis 28 años soy feliz, tengo matices de locura como cualquiera, episodios de depresión y ataques de ira dignos de cualquier ser humano que se atreva a llamarse ser humano. Pero soy feliz, estoy en paz, me gusta quien soy, me gusta en lo que me he convertido y me gusta lo que veo en el espejo (a menos que sea un domingo que en realidad es sábado pero el día anterior fue viernes tratado como sábado). Como sea, hoy por fin me caigo bien.

Pues nada, acá sigo y cumpliendo promesa a María aquí seguiré. 

Buenas tardes,

"...Cambio de rumbo 
lejos de acá
fuera del mundo,
cerca del mar."

jueves, 21 de agosto de 2014

Nurinha do Nacimiento. Parte II.


Evidentemente no me iba a atrever a escribir sin haber cumplido mis tres objetivos. Señores ¡lo hice! Broncee mi trasero jamás tocado por el sol, me tomé una cerveza dulce- oscura (una situación rara) en un bar y pasé una tarde con ocho extraños que me divirtieron mucho.

¿Cómo lo hice? "Lo ves... y lo consigues". No, Bul me dice necia, yo creo soy perseverante. La primer experiencia confieso fue liberadora, aunque para serles súper honesta nada fuera del otro mundo. Estas playas son un culto al cuerpo y por tanto sólo fue una gran experiencia para mi, el resto de la playa ni lo notó. Y más porque cometí la puntada de pasar alrededor de una hora en una de las pocas zonas gay, si no es que la única, de tooooda la playa de Río de Janeiro. ¿Cómo?: ¡Fácil! Al tercer día de hacer el mismo recorrido, más o menos ubicas dónde es donde hay más gente y como era un día extremadamente soledado la playa triplicó su audiencia y los monumentos mejor esculpidos estaban ahí, lo siento, que impresión de cuerpos; músculos que sabes tienes, pero jamás notas, pues a ellos se les ve hasta el funcionamiento. Así que decidí no tomar mi libro que dicho sea de paso compré en el aeropuerto y ¿porqué no? es el tercer tomo de una trilogía que evidentemente no he leído, pero bueno, decidí posponer la lectura para evitar llanto con tremendos caballeros y cuando la sed me llamó y me levanté por una cerveza, fue inevitable notar las banderas multicolores y caí en cuenta que obviamente estaba en zona gay. Pffffff era de esperarse que mi blanco trasero al aire no les causó la más mínima emoción. Sin embargo, me sentí en mayor libertad de ignorar los dobleces de panza que se hacen al sentarse en posición de flor de loto y me dispuse a observar y ocasionalmente sonreír a quien por casualidad de ubicación reconocía mi existencia.

Una vez que se ocultó el sol, volví a mi vestimenta turista y tomé un taxi al barrio de Santa Teresa, un lugar precioso, donde algún día viviré. No están para saberlo, pero cuando por casualidad llego a enloquecer, digo que voy a dejar todo y me vendré a vender cocos a Brasil, así que ya saben ahí me pueden encontrar si algún día de verdad cumplo ese arranque. Y post mil hermosas fotografías dije ¡¡¡aquí!!! Aquí me sentare y tomaré una cerveza porque soy un adulto capaz de beber sólo por placer, (que no se confunda con alcoholismo porque ese es otra entrada completamente diferente) para festejar mi casi cumpleaños. Y así rodeada de mucha gente mayor tomé mi vasito y a beber. Un inesperado sabor dulce me tomó por sorpresa, una cosa rara, muy rara, pero lo hice. Y como estamos en modo económico y había desayunado sólo cereal Nesfit evidentemente, tenía un poco de hambre y decidí tomar ventaja de mi espíritu aventurero para probar comida típica brasileña: feijoada, cuyos ingredientes son frijoles y carne de puerco en salazón, arroz, una especie de quelites y farofa (harina de mandioca). Al final una naranja, ¿por qué? no tengo idea, pero así se come. Todo se mezcla y es una bomba literal estomacal. Misma que un día después sigo pagando.

Tras una terrible noche, hoy mi rodilla izquierda se unió al paro con mi estómago y decidí no ir en contra de mi ser y solamente ir a la playa a leer. Grata sorpresa fue que al caminar un trío de argentinos que jugaban con un balón me abordaron para hacerme plática. Un par de tragos de frenet con coca, caipirinhas, cerveza, coco con cachaza y Jack después, me terminé enterando que estaban ahí porque iban a la despedida de soltero de Nicolás que finalmente no se casa porque se separó de su prometida hace un mes y ya no pudieron cancelar el viaje, que el grupo completo incluía a otros cinco individuos y si hablan entre ellos difícilmente se les entiende otra palabra que no sea "boludo" y se conocen desde que iban en primaria, que no hay cocos en Argentina, que para ellos México es sinónimo de tequila, chile y cocaína (pequeño error de nuestro amigo Martin que juró que Pablo Escobar era mexicano), que la situación económica está bastante compleja, que la palabra "coqueto" es imposible de explicar, y que cuando dicen "chupame un huevo" dicen que sólo es uno porque no se habla con la boca llena, y mejor aun que cuando se lo dicen a Jhonny le tienen que decir "chupame EL huevo" porque sólo tiene uno y lo mejor de todo fue que yo por fin hablé mas de 20 minutos con alguien en un idioma que pude entender y reí y reí muchísimo.

Así terminó mi día hoy. Cenando un sandwich de queso panela que mi estómago aun no estaba listo para recibir y sin conocer Río de noche porque me temo la rockstar que vive en mi prefiere bailar "Chandelier" de Sia con mi princesa en la sala de mi casa en lugar de arriesgarme a buscar samba en un lugar donde definitivamente no conocen mi chiflido de salvación.

Siguiente parada: Chile.

Buenas noches.
Nuria.




































martes, 19 de agosto de 2014

Nurinha do Nacimiento. Parte I.

Les tengo un tip por si algún día llegan a caminar por las calles de Río de Janeiro y traen vestido y/o falda: ¡¡NO PASEN POR LAS COLADERAS!! ¡¡Que bruto!! Nadie me dijo que avientan aire y yo casual flashée a medio Ipanema. Gracias a dios estaba en modo turista y traía traje de baño de calzonzinho, aunque eso evidentemente no quita la vergüenza de sonreirles roja cual manzana red delicious recién pulida a quienes estaban a mi alrededor.

Evidentemente estoy en Brasil, gracias a mi hermana y mis papás que son una chulada y me patrocinaron cual adolescente soy, tengo la fortuna de evitarme la forrada de libros que el papá de Emilia está sufriendo y estoy en Río buscando a Blue (chiste de papás, lo siento). 

Así pues mi travesía de hoy comenzó con la peor actitud del mundo, el clima no ayudó en nada en mis ganas de levantarme y honestamente jamás me había imaginado sola de vacaciones sin absolutamente nadie con quien reír de las estupideces que se me ocurren, porque obvio vivo sin internet por la calle. De alguna forma con ayuda de mis amigos, a distancia, salí a explorar Brasil, me bañé, y al ritmo de Lupita D'Alessio y (...) no preguntes con quien me desato las ganas suspiro a suspiro, tu no tienes derecho a pedirme un motivo (...) me dirigí a la playa de Leblon. 

Una vez instalada y con arena en zonas donde no debería tener, comencé a leer "Pedro y el Capitán" de Mario Bendetti, (gracias Ale) situación que disfruté en demasía al ser un gran libro... hasta el ensayo de: cómo se habla a solas y el anhelo de tocar la mano de Aurora ... alias Beatriz... de Pedro. Es irreal la forma en la que me hacen llorar los libros, de verdad, tocan fibras en mi que normalmente creo tener controladas. De algún modo logré percibir que tenía audiencia y un adolescente carioca me juzgaba por llorar. Instante siguiente me levanté y caminé y caminé y caminé hasta llegar a Copacabana.

Tengo que reconocer que no hablar el idioma ha sido una barrera importante en este viaje, la idea del diccionario que me propusieron, ahora no me parece tan exagerada (estoy reconociendo públicamente que tienes razón, ¡Feliz Navidad!); cualquiera pensaría que la similitud de vocabulario sería un facilitador en la comunicación. No lo es, los amables brasileños hablan a una velocidad impresionante y su forma de pronunciar es imposible de entender. Bueno de alguna forma he conseguido lo básico indispensable, llámese: cerveza, comida y direcciones. Y así he logrado regresar todas las noches a mi pequeño recinto brasileño.

Y de pronto sin darme cuenta había recorrido lo que a mi me parecieron cinco maratones en una tarde, confieso que no la pasé nada mal pese a mi terrible actitud matutina, y la verdad es que cómo hacerlo cuando estas en un país donde la mayoría de las personas, hombres y mujeres son cual visiones. No exagero, son personas de verdad hermosas y los brasileños una cosa coqueta sin piedad. "Bella meshicana" "Linda menina" fueron algunas de las cosas que hoy me levantaron el autoestima, que no voy a mentir se reduce algo al ver a las muñecas de dos metros en tangas surfeando en la playa de Copacabana, pero mejor nos concentramos en el hecho de qué algún día conseguiremos ese cuerpo de Cameron Díaz en Charlie´s Angels.

Una tapioca deliciosa con coco y lechera y un suco de guava después aquí estoy aun sin tanga brasileña, sin entablar una "amisad" porque tristemente me dieron un teléfono falso como cuando iba en preparatoria y no quería dar mi teléfono real jajaja me la regresaron años después (karma is a bitch) y sin atreverme a tomar una cerveza sola por la noche en algún bar. Me quedan dos días para lograrlo. Tenganme fe, seguro lo consigo.

Es todo por el momento, stay tuned. Estoy segura que Brasil aun me tiene mas osos por compartir en modo #soysola.

Boa noite.
Nuria.

lunes, 18 de agosto de 2014

Box.

"En la vida como en el box, no pierde quien se cae, si no el que no se levanta".

Frase dicha por Esteban, mi entrenador de box, un día como muchos tuve un ataque de depresión y para variar y no perder costumbre, logró levantarme. 

¿Que por qué estoy obsesionada con entrenar? Muchos me han cuestionado la intensidad con la que entreno. Que puedo lastimarme, que mis articulaciones no son fuertes, que tengo un horrendo nudillo nuevo, que me lleno de moretones, que dos horas y media son demasiado. Bueno aquí varias de las razones por las que me gusta: Una de ellas es que por fin encontré algo soy muy buena y me gusta. Definitivamente nunca fui una persona deportista, lo más cercano que he estado fue ser parte de la selección de volleyball en la preparatoria y la verdad es que eramos un pésimo equipo, jamás ganamos nada que no fuera aplausos al final de los partidos de quienes nos llegaban a ver y eso ni nuestros novios nos veían. Como sea, resulta que soy buena para hacer combinaciones, soy rápida y he aprendido rápido a colocar los golpes.

Otra de las razones es porque me da seguridad en el sentido de que hay algo que definitivamente puedo controlar, controlar por completo, no me refiero al deporte en sí, porque aun me falta mucho. Hablo de controlar mis asistencias a los entrenamientos, puedo controlar mi cuerpo, mi respiración, la forma en la que me paro y abro compás para no perder el equilibrio, el movimiento de mis brazos, de cintura, espalda; incluso controlar el dolor físico que he sentido, el cansancio. Ha sido una actividad que me ha ayudado a sobrellevar momentos en los que no tenía cabeza para nada y sólo me concentraba en ese instante, en escuchar a Esteban y corregir y repetir y repetir y repetir hasta que sale. El ponerle rostro a la gobernadora y contraer músculos para soltar un golpe fuerte, colocado. Porque confieso que la sensación de golpear fuerte no se compara con nada, ni el sonido de la gobernadora con el guante, ni el llegar a los 306 golpes en un minuto, sólo control.

Sin duda alguna porque me gusta ganar, porque me gusta demostrar que puedo, porque soy una persona competitiva y me gusta que me reten, cosa que sucede con frecuencia, y se den cuenta que no me pueden ganar tan fácil, me gusta la sensación de poder que me genera la seguridad que he desarrollado. Me gusta ser la mejor, punto. 

Por vanidad, si fuera pecado mortal seguro sería vanidad, bueno... o ira, ¿lujuria? bueno, el caso es que también lo hago por verme bien, ¿a quién no le gusta verse bien?, quien diga que no le importa eso es porque jamás se ha visto bien, no tiene caso profundizar más.

Porque tengo curiosidad de saber cuáles son mis limites, si de verdad el cuerpo siempre sigue a la mente, o es al revés. Quiero saber hasta dónde puedo llegar.

Y sobre todo porque me debo y le debo a Esteban que hace mucho dejó de ser mi entrenador para ser mi amigo, porque cree en mi más de lo que yo lo hago y ojalá algún día entienda lo mucho que ha hecho por mi, por ayudarme a ponerme en pie; nos debo que el tiempo extra que él me dedica tenga frutos; le debo y me debo dedicación, constancia y disciplina, cualidades que quien me conoce sabe que disto mucho de sobrarme de ellas; nos debo aferrarnos lo suficiente a algo que no nos deje caer y nos permita concentrarnos y volver a creer en nosotros; nos debo no perder una motivación más; nos debo que cada palabra que me ha dicho para empujarme a ser mejor sepa que retumba en mis oídos; nos debo que esas dos horas que entrenamos nos olvidemos de absolutamente todo, abogados, trabajo, escuela, niñas, quincena, el conchas, suegra, prejuicios, y seamos lo mejor que podamos y un poco más. Siempre un poco más.

Por eso me gusta hacer box no importan los moretones o lo mucho que se me hinchen las muñecas. Y aunque probablemente nunca me suba a un ring, imaginarnos en las Vegas con batas de Nuria "la sicaria" Martínez, definitivamente me hace sonreír.

Buenas noches.
Nuria.


sábado, 10 de mayo de 2014

Felicidades, es una niña!

5 de octubre, 2010

Alrededor de las 6:00 a.m.: Comienzo a sentir contracciones, sensación similar a un cólico muy fuerte. Me siento en cama esperando que sólo sea momentáneo. No lo es. Baño. Se rompe la fuente. Maleta. Hospital. En el cuarto tras la revisión del doctor: "Pensé que sólo te íbamos a revisar y mandar de nuevo a dormir, resulta que no, te quedas. Hoy nace Emilia". A partir de ese momento todos los músculos de mi cuerpo se comenzaron a tensar. Recuerdo estar acostada tratando de concentrarme en no sentir los dolores de las contracciones. Me resultó imposible. 

Cerca de las 9:30 a.m.: Cambio de cuarto previo al quirófano, de nuevo el doctor: "Nuria, la niña no se encaja en el canal de parto, podemos esperar 12 horas a que nazca y te ponemos a ti bajo medicamento o te pasamos a quirófano a las 10:00" - Entro a quirófano, y denme drogas ¡ya!.

10:00 a.m.: Acostada en camilla dentro de quirófano viendo el techo blanco y escuchando a varias personas platicar, poniendo música, discutiendo el clima. Mis brazos no dejaban de temblar, la epídural ni siquiera la siento. Estoy mucho más nerviosa de lo que he estado en mi vida. Trato de hablar con el papá de Emilia y me doy cuenta que no soy la única a punto del colapso. Somos unos niños, yo 24, él 25, tratando de hacer el mejor papel posible para que todo suceda sin contratiempos. Siento cómo mueven todo mi cuerpo, comienzo a creer que la anestesia no hizo efecto del todo. Son sólo nervios. 

10:18 a.m.: Siento una especie de vacío y un grito agudo, llanto de molestia. Emilia nace. 2830 gr, 49.5 cm 9-10 APGAR, 20 dedos, 1 cabeza, fuertes pulmones, 2 manos, 2 brazos, 2 pies, 1 corazón. Ella es como hasta hoy... perfecta. Sólo escucho sus gritos y su papá ya no está sentado a mi lado. Y así de pronto me la acercan, me la pegan al cachete y en ese momento sé que mi vida dejó de ser mía por siempre, ella lo sabe también, hasta ese momento deja de llorar para abrir muy grandes sus ojos turbios y sentir mi presencia. "Así que eras tu quién me pateaba eh". Fue todo, se la llevan. No la vuelvo a ver hasta alrededor de las 17:00 hrs. que me la llevan al cuarto, la cargo por primera vez y es oficial, estoy perdidamente enamorada.

Pánico absoluto fue un sentimiento que me embargó durante la primer semana de vida de Emilia, me era imposible bañarla, cambiarle el pañal, incluso cargarla. Era tan frágil, tan chiquita, tan liviana. Su padre me enseñó a tener confianza, a perderle el miedo. Toda mi vida le estaré agradecida por ello. Llegado el momento de encontrarnos completamente solas en la casa, nos perdimos el temor, nos empezamos a tener confianza y a tener una complicidad que sólo adoptas con aquellos que te conocen y te aman. 

Han pasado 3 años, 7 meses desde ese día. No hay palabras que describan lo que significa para mi ser mamá. Ha sido la mejor y más enriquecedora experiencia que he tenido. No es sólo el hecho de crecer a su lado yo como persona, de verla a ella crecer y convertirse en el empuje que me hace despertar todos los días. Es algo mucho más fuerte, algo que jamás me creí capaz de sentir. No es exageración decir que un simple "buenos días mami" hacen que cada segundo de mi día valga la pena. Emilia es mi vida, ella es mi motivación, es mi alegría, es mi orgullo, es el sentido de mi latir.

No sé si estoy haciendo un buen o mal papel al educarla, al quizá muchas veces consentirla de más. Sólo sé que llegado el momento ella sabrá que hice mi mejor esfuerzo. Que llegó a revolucionar por completo mis días, que mi vida no es ni remotamente cercana a lo que siempre creí que iba a ser. Que cada esfuerzo y decisión que he tomado a partir de su llegada han sido enfocadas en nuestro bienestar. Trabajo, casa, familia, todo para mi tiene un significado y no importa qué tan difícil me haya resultado, siempre todo será por algo mejor para ella y para mi. Ella cambió mi forma de ver la vida, mi forma de reaccionar ante muchas situaciones. Ella me convirtió en una persona más fuerte, pero también más sensible. Más decidida pero también mucho más vulnerable. Más centrada pero con los pies en las nubes cuando se trata de su sonrisa. Más ecuánime y menos impulsiva. 

En fin, hoy no concibo mi realidad sin su vocecita ronca, sin sus ojos inquisitivos, sin su dedito gordo del pie incrustándose en mi pierna, sin sus ataques de besos, sin su inteligencia, sin sus dramas, sin su sonrisa y su forma de decir "chocoprispis", sin sus retos, sin sus abrazos, sin sus caricias, sin su sensibilidad. Verla convertirse en una niña segura, fuerte, inteligente, empática, tierna, cariñosa, independiente hacen que mi percepción de todo lo que me rodea cambie. 

Dicen que los hijos somos resultado de nuestros padres, se equivocan, yo me convertí en quien soy gracias a Emilia. 

Feliz 10 de mayo en especial a la mujer que más admiro en el planeta, a mi mamá, mi modelo de vida y ejemplo de cómo ser una excelente madre. Gracias mami, por cada minuto de tu vida dedicado a mi y a mi hermana. Te amo con cada milímetro de mi ser y por siempre gracias por enseñarme a ser la mejor mamá que Emilia pueda tener. 

Buenas y amorosas noches.
Nuria.

jueves, 1 de mayo de 2014

Carta a mi.

Estimada Nuria,
 
 
Ojalá tuviera algo que decirte para reconfortarte ahora que últimamente has estado muy necesitada de afecto. No mentiré, no lo tengo, quizá sólo que tienes que aprender a ser más paciente, el tiempo si bien no cura todo por lo menos ayuda a entender porqué las cosas pasan. Paciente con las personas, paciente con tu hija, paciente contigo misma. Es todo lo que puedo ofrecerte como consejo en este momento.
 
He visto tus avances en estos meses, más debo invitarte a que dejes de menospreciarte, deja de hablar mal de ti y de darle poca importancia a las cosas que sí la tienen. Ser vulnerable no es un defecto, al contrario, aprende a reconocer que es lo que te ha hecho más humana, más empática, menos fría. Estar tan en contacto con tus emociones es lo que te ha permitido no perder la razón. La gente a tu alrededor te quiere por quien eres, incluso cuando lloras leyendo en Sanborns. No es malo de vez en cuando decir "te necesito", "quiero un abrazo"; ser más, o menos "ruda" no te da ventaja sobre los demás, simplemente te define. 
 
Aprende a reconocer la fortaleza que hay dentro de ti, me canso de escuchar que no puedes, que es muy difícil, que no tienes suficiente tiempo, aprende a valorarte, a sonreírte en el espejo, no lo haces con frecuencia y es posible que con el tiempo si tu lo dejas de hacer la gente deje de hacerlo por ti.
 
No dejes de arreglarte, de usar tacones, maquillarte y de sumir la panza al caminar o sentarte (ambas sabemos que es un reflejo involuntario desde que tienes uso de razón) para ti es importante cómo te ves y si ello te genera seguridad de algún modo, date el tiempo necesario para ello. No importa qué tan mal te sientas, no importa si la persona que esperabas lo notara no lo hace, haz las cosas por y para ti, todo empieza desde adentro y se termina reflejando afuera, no lo pierdas de vista nunca. No dejes el box, por fin después de 28 años encontraste un deporte que te hace feliz, para el que eres buena y que dicho sea de paso te mantiene en forma lo suficiente para seguir comiendo tacos de tripa.
 
Y sobre todo deja de frustrar tus intentos de felicidad, no le tengas miedo a ser feliz, no pongas barreras ni bloquees a la gente que intenta sacarte una sonrisa. ¿Qué tan duro puede ser el golpe como para que no valga la pena si quiera intentarlo? Tus egoístas acciones han lastimado a las suficientes personas como para que dejes de usar de excusa lo que pasa en tu vida y simplemente les permitas entrar, ayudarte, estar. Metete en la cabeza que cuando la gente te dice algo o te ofrece ayuda no te está tratando de controlar, simplemente se preocupa por tu trasero. Deja de estar a la defensiva, vuelve a ser tu, enamórate, entrégate, quiérete. Deja que te enamoren, que te quieran, que te cuiden, que te apapachen. Al final de eso se trata todo: de disfrutar más y sufrir menos.
 
No sé qué vaya a suceder con nosotras pero te juro que todo va a estar bien. Tranquila.
 
Buenas noches,
Nuria.