lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Desde cuándo?

¿Desde cuándo desayuno avena con leche light porque hoy es lunes y entre semana no debo desayunar gordo? ¿Desde cuándo consumo proteína en polvo para balancear mi alimentación porque no hago la cantidad correcta de comidas al día? ¿Desde cuándo tomo glucosamina para mis articulaciones porque es probable que terminen en desgaste mayor de lo que deberían? ¿Desde cuándo uso exfoliantes todos los días y jabón especial para rostro? ¿Desde cuándo mi cabello recibe tratamientos para tener brillo y DETENER mi caída extrema? ¿Desde cuándo limpio mi cara con leche de arroz para humectarla? ¿Desde cuándo el sol me provoca quemaduras de segundo grado y deja mi piel con manchas y pecas? ¿Desde cuándo no ir al gimnasio me provoca culpa? ¿Desde cuándo una noche de fiesta me tumba dos días en cama? ¿Desde cuándo empecé a encariñarme con mis ojeras? ¿Desde cuándo los tacos me hacen daño porque tienen mucha grasa? ¿Desde cuándo prefiero estar en mi casa viendo un partido de americano tranquilamente o ir al cine cuando puedo ir por una cerveza? ¿Desde cuándo me perturba el atuendo de las niñas en el Corona Capital? ¿Desde cuándo la ginebra me provoca agruras? ¿¿¿Desde cuándo me dan agruras???... ¿Soy la única la que está pasando por estas situaciones?

¿Serán signos de la edad? Evidentemente nada de lo que me he cuestionado anteriormente son acciones malas, al contrario, todo va enfocado a sentirme mejor, a verme mejor, a no hacer tantas pendejadas como las hacía cuando salia. No sé. La verdad es que nunca me he visto como una persona mayor, porque normalmente estoy rodeada de gente más grande que yo. Suelo ser la "chiquita", además de que por mi personalidad, la gente tiende a cuidarme. Me gusta pensar que porque me quieren muchísimo y no precisamente porque encuentran fallas en mi sistema de vida, pero no ahondaré en el tema. Entonces si no soy mayor, ni me siento mayor ¿WTF conmigo?.

Les mando un poco de ayuda visual, en este momento estoy sentada en mi cama, con la cama evidentemente tendida ya, porque desperté a las 8:45 en lunes de puente, preocupada porque no fui a mi entrenamiento de hoy, con una mascarilla de avena que comienza a secarse y a jalar mi piel (lo cual me deja máximo 15 minutos más de tiempo para terminar de quemarme públicamente), pensando si debería poner o no pepinos en mis ojos para las terribles ojeras que JAMÁS desaparecen ya...

No es que todo este embrollo de la madurez me esté causando conflicto, he repetido en diversas ocasiones que ahora me caigo mejor, que me gusta más la persona que soy hoy, que me siento cómoda con mi piel actual aunque al sol le guste dejarme marcas, aunque las ligas del entrenamiento me saquen moretones en los brazos y la cuerda me deje de recuerdo los latigazos. Simplemente me sorprende que ahora hago cosas que jamás pensé iba a hacer. La realidad es que si no soy tan ruda como a veces creería, tampoco jamás me imaginé siendo señora de mascarillas, de pronto ni señora me imaginé. Pero heme aquí, divorciada y con una muñeca hermosa que le gusta llamarme "mamá", viviendo "sola" desde hace casi 5 años y tratando de encaminarme al bien comiendo mejor y cuidándome más, aunque las probabilidades dijeran lo contrario.

Es más, ahora que lo pienso, mis amigas y yo jamás fuimos de pijamadas con barnices y mascarillas y hablar de quién nos gustaba como en película gringa, nosotras bailábamos: cadera, cadera, pelazo en círculo (baile que jamás logré muy a  pesar de los millones de intentos de Mema) o a dominar la quebradita con cargadas, situación que también terminaba en muchos golpes frente a los ventanales de casa de los papás de Mansi; nos poníamos guantes y boxeábamos hasta que alguna conseguía parar a las otras dos porque ninguna es precisamente de mecha larga; o de plano nos subíamos a "asolear" a su azotea esperando que no hubiera albañiles que nos alcanzaran a ver. Dominamos el arte de los shots, mismos que ahora no puedo ver ni en pintura o me provocan un ardor extremo que me impide llegar directo a dormir y me obligan a tomar dos alka seltzer para no tener que dormir sentada... Me pregunto de qué hablaríamos si tuviéramos una sesión de mascarillas a nuestros ahora  casi 30 años. O a nuestros 50, u 80.

Así que ¿desde cuándo? no lo sé, pero esta es la nueva yo y me sigo descubriendo y sorprendiendo, y como esto es terapia para mi, creí importante compartir esta nueva faceta.

Comienzo a divagar así que me voy. Y como me dijeron hoy: trust me, as you get to know me... I just get weirder. 

Buena tarde, 
Nuria.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Contención.

¿Qué pasaría si pudiera escribir con absoluta libertad? ¿Si pudiera escribir de cualquier persona y cualquier tema sin temor a ninguna repercusión? ¿De verdad tendré algún día el valor para hacerlo sin que me importe qué sucederá al final?

Cuando comencé el blog, la verdad es que no me importaba mucho qué tanto iba a ser bien recibido o no, si la forma en la que de cierto modo sacaba mi frustración afectaría a alguien o no. Todos los problemas en los que me metí por escribir creo que me llevaron al punto de contenerme un poco en la forma en la que ahora lo hago. Simplemente quería escribir y lo hice.

Así como también hice la promesa de desnudar mi persona y la verdad es que no me había dado cuenta de lo complicado que es llegar al punto en el que al hablar de mi, también es necesario hablar de mi entorno, de quién me rodea y la forma en la que me desenvuelvo con ellos. He pasado mucho tiempo cuidando las formas, escogiendo las palabras adecuadas, midiendo los pasos para no lastimar ni incomodar a nadie que creo que en ese proceso perdí hilo de lo que en realidad quiero transmitir. No sé, ¿de verdad la libertad consiste en ignorar las consecuencias de lo que uno puede llegar a expresar? ¿Pierdo autenticidad al no decir por completo lo que pasa por mi cabeza?

¡Que complicado! La verdad es que he aprendido que las relaciones humanas son un tema para discutirse en privado. No me refiero a las relaciones ajenas, y poder criticar como si uno tuviera cabida en los zapatos del otro. Me refiero a las que uno tiene incidencia, no deberían ser un tema a discusión para el resto de la humanidad, creo que uno tiene total y completo derecho de hacer de su culo un papalote, pero ahí viene de nuevo la disyuntiva. Puedo hacer lo que mejor me plazca con mi tiempo, mi espacio, mi corazón, mi cuerpo... pero hablar de ello expone a la otra persona. Entonces, ¿se puede o no se puede?

Si fuera completamente honesta conmigo, me diría probablemente que tiene razón el niño Valencia cuando me dijo que estoy enferma de la garganta porque hay algo que no he dicho. Apelando a mi abuela interna creo que tiene razón, que sí existen millones de cosas que me he guardado sólo por el hecho de no herir susceptibilidades de nadie y no precisamente por el hecho de yo ubicarme en el puesto de beata del año, si no sólo por llevar la fiesta en paz. Al final creo que soy una persona bastante autentica, quien me conoce sabe que no soy alguien que se esfuerce demasiado por caer bien o busque las palabras adecuadas para pertenecer. Después de todo cuando tratas de más, termina cediendo esa parte que está reprimida y un día decide exponerse de las formas más terribles que yo he visto.

Podría dar vueltas todo el día a esta pregunta que honestamente me ha torturado bastante estos días de pérdida de razón. Pero la única conclusión a la que he llegado es que no se trata de decir o no por completo y sin tapujos lo que quisiera. Ser irreverente no te da derecho a lastimar o incomodar a nadie, sea querido o no. La libertad para mi va más allá mis opiniones, de mi forma de concebir el mundo y quienes lo habitan. Aseverar un "estás bien" o "estás mal" es un juicio que sólo me concierne a mi. Exhibir a las personas a las que están cerca de mi no me empodera más, quizá mi blog tendría éxito, pero me traicionaría a mi y lo que toda a vida he peleado y defendido para mi vida: que nadie se meta en mis asuntos. 

Así pues, no es falta de valor que este blog no sea un chismógrafo y no sea tan crudo como podría ser, es simplemente que así soy. Si alguna vez me notan contenida, no hay qué dar vueltas. Así soy. Y no hay nada ni nadie que consiguiera hacerme actuar de forma distinta. Esa necedad que me caracteriza, me obliga a ser yo y preferir pasar otro día recluida en mi casa por enfermedad que tener mucho material para escribir. Así que de cierto modo sí me estoy desnudando ante ustedes, todos los matices por los que he pasado al escribir me definen. Ésta también soy yo.

Buenas noches, 
Nuria

martes, 4 de noviembre de 2014

"Pero mamá yo no quiero crecer..."

Pues resulta que estoy enferma. Tengo una enfermedad muy sensual de garganta que hace que cada que trague saliva me acuerde de todos mis pecados y me arrepienta poco a poco de ellos. Enfermedad en la que además, no puedo convivir con Emilia y de preferencia de lejos con el resto del mundo. Por lo que heme recluida en mi casa por lo menos dos días de reposo y 7 sin ejercicio y de besar a alguien no hablamos. 

Lo cual me lleva a dos puntos importantes. 1: Uno no debería ir al médico sin su mamá, porque la realidad es que no importa cuántos años tenga, siempre me va a hacer falta mi mamá para que la inyección súper ardiente magicamente baje su intensidad de dolor y con un: "estás bien bebé?" todo desaparezca. (Sí, a mis 28 años mi mamá me dice bebé y me manda aguacates y mixiotes los domingos después de verla y qué?).

Y el siguiente punto es: que joda es crecer. Es un hecho que tiene sus deliciosas y maravillosas ventajas ser un adulto, verte realizando cosas, alcanzando metas, pero qué pasa con la otra parte que la ves hasta que ya tienes el muslo atascado de lodo y ya no hay vuelta atrás? 

Alguna vez tuve un novio que tenía síndrome de Peter Pan, cada que iba a cumplir años colapsaba. Se negaba a crecer y a salirse de casa de sus papás, no quería jamás tener que ir a trabajar. A mi me causaba shock porque yo moría de ganas de hacer todas esas cosas que me parecían lo mas libre del mundo. Inocente paloma, jamás consideré que volverme adulto también representaba una cantidad ridícula de responsabilidades que sólo logran que el sueño sea más ligero.

Por ejemplo, recuerdo mucho que cuando me salí de casa de mis papás, el papá de Emilia y yo nos quejabamos mucho de porqué los duendes que hacían todo en casa de nuestros papás, dónde está de más decir que evidentemente nosotros no movíamos un solo dedo, no nos habían seguido hasta nuestro nuevo recinto. Dígase lavar ropa, planchar camisas (aunque confieso eso fue intento de no más de una ocasión), ir al super, tender camas, recoger la toalla de cuando te metes a bañar, etc, etc; todas esas cosas que cuando vives con tus papás das por hecho que suceden. O que de forma inexplicable siempre siempre hay fruta o jamón, o queso. Y qué pasa? te vas a vivir sólo y se acaba el jamón, la toalla puede vivir años donde la dejaste, los calcetines desaparecen, la basura se tiene que sacar, los uniformes de la niña deben estar limpios, los pasadores no regresan al cajón de los cepillos... En fin una serie de cosas que el día de hoy me tienen en completo odio a mi edad.

Por qué estoy en modo hater hoy? porque ayer leí un post en facebook que me hizo reir mucho, sobre hacer "que- hacer" escuchando a Selena. Y he de confesar que yo recojo cantando y bailando y "bidi bidi bom bom" es un rolón del chaching, si al final del día no hay otra opción y se tiene que limpiar, no hay otro camino que no sea con ritmo; y aunque gracias a dios hay alguien que me ayuda a hacer tareas pesadas, la cama no se tiende sola, el acomodo del super que aborrezco hacer tampoco magicamente sucede, el papel de baño no se coloca por si solo en el tubo, los zapatos no vuelven a su closet, etc. Y de pronto me di cuenta que las desventajas de crecer son nefastas. Sí, puedo llegar a la hora que quiera a mi casa, incluso no hacerlo si se me antoja; sí, puedo no tener nada en el refri más que noche buenas y huevo; sí, puedo gastarme todo mi dinero en unos zapatos y una bolsa; sí, tengo mucha libertad; sí, puedo ir por la vida en ropa interior aunque me vean los vecinos si me da la gana; sí, puedo comprar la marca que yo quiera de jamón; sí, puedo tener pingüinos y gansitos congelados en mi refri. Sí puedo, pero también odio llegar a mi casa y no tener con quien quejarme del frío, odio comer o cenar sola, odio estar enferma y que mi mamá no me traiga un té que cura todo y me haga un pan tostado con philadelphia y mermelada que hasta la fecha juro que tiene poderes curativos, odio ir al super y tener que acomodar todo en su lugar, odio que la cama no esté hecha porque no me da tiempo en la mañana, odio tener que usar calcetines de diferentes colores y que se sorprenda Esteban cuando llegan a ser el par correcto, odio bajar la basura, odio que parece que siempre hay algo que limpiar y sobre todas las cosas odio que mi ropa jamás ha olido ni olerá a suavitel como olía cuando mi mamá me la lavaba.

En fin odio esta maldita mononucleosis y el hecho de tener que haber ido a ver a mi tío sola y después ir al super y por medicinas y arroparme escuchando a Luis Miguel, y aunque parezca que me estoy tirando al piso por drama, no lo hago. Sólo comparto mis nulas ganas de ser un adulto el día de hoy, y ya que las medicinas carísimas ni los pensamientos felices me han hecho volar, trataré de ir a mi lugar feliz. 

Buenas e infecciosas noches.
Nuria




martes, 30 de septiembre de 2014

Mudanza.

Cuatro años de mi vida empacados en cajas, bolsas y maletas, un par de tiliches necesarios y todo en la sala, todo apretujado esperando cambiar de locación. Es impresionante la cantidad de cosas a las que uno se aferra por el simple hecho de no perder un recuerdo, que en mi caso debería tener una mansión para guardar absolutamente todo debido a mi pésima memoria. Cuando en realidad las cosas son simples facilitadores de la vida. Lo difícil es decidir si se empacan, se tiran o se donan los sentimientos que acompañan las cosas. Cuál es la regla para eso? Cómo se separa?  No es el primer portarretratos que se colgó, es lo que representa.

Pues hoy es el último día que estoy en lo que fue mi hogar durante 4 años. Lugar que vio a Emilia crecer, caminar, hablar, gatear, correr, comer; fue víctima de los intentos de Bielski por aprender a hacer del baño (cosa que yo jamás logré), de sus ataques de hambre a mis paredes, de mis intentos por colgar cuadros fallido que sólo conseguí con ayuda del chaparrito. En fin, este departamento me vio a mi también crecer, reír muchísimo, comer no se diga, beber, llorar, confesarme; fue mi cómplice en muchos aspectos. Si mis muebles y paredes hablaran podríamos hacer grandes telenovelas, por eso me voy (y también porque el dueño lo va a vender, pero ello resta dramatismo).

La parte de mi que está melancólica siente un apego muy fuerte por este lugar, pero he de confesar que es una pequeña, muy pequeña parte de mi. Durante todo el proceso de la separación siempre creí que debía salirme del lugar que todo el tiempo torturaba mi mente, muchos días no fui capaz de estar aquí sola, la sensación de encierro y de sentir el corazón apachurrado me seguían a menudo cuando todo estaba muy fresco. Todo era un constante recordatorio de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que destruimos. Pero como todo, conforme fue pasando el tiempo fui tomándole gusto de más a estar sola, a no tener que compartir mis manías y a disfrutar el silencio, un libro, a no lavarme los dientes por dormir sola, cenar hasta sentir mi panza reventar, incluso ir al baño sin interrupciones (situación que no se presenta a menudo).

Y la otra gran parte de mi sabe que necesito esto, que cerrar ciclos es lo más sano para que los pasos se aligeren al subir. Esta parte de mi que me tiene ansiosa de llegar a un nuevo lugar y decir que es casa de Emilia y mía. Una nueva vista, un nuevo cuarto, todo diferente. Cambio de chip. Nuevas oportunidades.

Sólo espero la nueva casa sea tan generosa como lo fue esta, llena de calidez y mucho amor, eso sí, nunca faltó amor ni risas. Que al final es lo único por lo que de verdad vale la pena vivir. No sé bien que me depare este futuro próximo pero por lo menos hoy me siento en el camino correcto, espero cuando vuelva a estar harta de la mudanza siga con la misma actitud lover con la que me siento a las 10:10 am...   Si es que lo consigo, prometo hacer unos clamatitos de bienvenida, mismos que ofrezco para quien guste ayudar a desempacar porque aaaaaahhh que joda la mudanza. 

Así pues es la última vez que escribo desde mi cuarto, y tengo la vista del bosque de mi media luna. Adiós Boscoso!!

Todo va a estar bien, todo va a estar mejor.

Buenos días.
Nuria.



jueves, 11 de septiembre de 2014

A mis 28.

"... Hoy crucé el temor a la soledad
     y junté el valor para navegar
     todo el ancho mar
     voy a pasar..."

A mis 28 años muchas cosas han cambiado, mi esencia sigue siendo la misma, sigo siendo la misma gordita sonriente que cuando tenia 4 años. La diferencia es que hoy sonrío no por reflejo ni por inocencia, lo hago por agradecimiento, satisfacción, por placer, porque ahora lo hago cuando realmente me nace y lo hago con el corazón.

Que si creo que he madurado de un año para acá, donde mis entradas no me dejarán mentir todo era ira y desolación, no lo creo. Mas bien sé que hoy la perspectiva es diferente. Evidentemente la tormenta dejó de golpear las ventanas y el ruido del viento, si es que llega a azotar, no me molesta más. 

Todo este año he aprendido a explotar mis cualidades, he hecho esfuerzos descomunales por no perder el control, por ser prudente, por dar esfuerzos extra, por no castigarme por decisiones que he tomado, por ser empática con quien no quise serlo, por mantenerme lo más estable posible, por aprender a respetar a los demás, por enseñar a los demás a respetarme, por ser firme, por poner limites sin traicionar lo que yo considero importante, por escuchar consejos y llevarlos a cabo, por reconocer a las demás personas. En fin ha sido un año extremadamente interesante y de millones de aprendizajes.

Por ejemplo ayer me enfrenté a uno de mis más grandes temores. Una paloma de la muerte diría mi amiga Wendy, En cualquier otro momento de mi vida hubiera corrido por el policía de la caseta y le hubiera pedido auxilio, pero tras una hora de lanzarle cosas (incluida una toalla de manos que ahora vive en el techo de mis vecinos de planta baja junto a la sirena de Emilia), ocho mil porras de Panda después, que pasó desde el "hazle una de tus combinaciones" hasta "es un juego mental, no puede más que tu" y finalmente rociarla de protector de zapatos, salió por la ventana. El punto no es haberla derrotado, si no haber conseguido enfrentarla. Detenerme y saber que no hay más opciones, o lo hago o me metía a la cuna de Emilia a rezar porque saliera la desgraciada. Así ha sido mi año, saber que si no hago las cosas por mi, si no las enfrento, si no me levanto de la cama, si no cambio mi actitud nadie lo hará por mi, no importa cuanto se preocupen, cuanto me ayuden, cuanto me alienten, o cuanto estén al pendiente de mi. Yo soy la única con la capacidad de cambiar mi camino, o mínimo si no puedo cambiarlo por lo menos puedo irme cagando de risa mientras me ensucio en el intento.

A mis 28 años soy capaz de reconocer que he tenido avances monumentales como persona, como mamá. Emilia por ejemplo duerme ahora en su cuarto, en la escuela está inmejorablemente bien portada. Sigue siendo una niña tierna y cariñosa y cada vez me sorprende más su capacidad intelectual, a veces me encuentro tratándola como si fuera una adolescente cuando la verdad es que es una bebé, simplemente es extraño tratarla como bebé cuándo me pide pijamas (y la cito textual) de esqueletos de dinosaurios. No tiene ni los 4 años cumplidos y está aprendiendo a jugar ajedrez y gracias a su papá cree que los circles son super cool. No se preocupen, con el tiempo sabrá, gracias a su mamá, que ser salvajemente grupera y destruir las torres que le gusta armar también es digno de presumirse. No sé, ser mamá sigue siendo territorio desconocido, lo único que no pierde nitidez es que sin esa sonrisa y sin esos ojos mi vida no tendría sentido. Y que cada uno de los esfuerzos que hemos hecho su papá y yo aun en contra de nuestros propios impulsos han valido la pena. Emilia está perfecta y todo lo demás queda en segundo plano.

Así que tengo 28 años, y en mi vida no hay un orden definido o un programa de pasos, definitivamente no soy una persona de estructuras, me matan, pero soy capaz de cualquier cosa, desde enfrentar a un país extraño sin conocimiento de la lengua, pasando por ayudar a planear la boda más bonita en la que he estado, hacer planes con quien pensé ya no figuraba en su vida y quien algún día entenderá que siempre estoy descalza, ganar concursos de box, volver a unir lazos con mis amigos de toda la vida, entablar una amistad genuina con el papá de Emilia a pesar de cualquier probabilidad,  disfrutar los domingos con mis papás, de ser honestamente feliz por ver a mi hermana feliz, afianzar mi amistad con quienes entienden cada uno de mis chistes sin explicación, de matar criaturas gigantes cubiertas de pelo y colmillos dispuestas a matarme. En fin, estoy consciente que mi capacidad radica en la seguridad que le inyecto a las decisiones que tomo.  

Y sobre todo a mis 28 años soy feliz, tengo matices de locura como cualquiera, episodios de depresión y ataques de ira dignos de cualquier ser humano que se atreva a llamarse ser humano. Pero soy feliz, estoy en paz, me gusta quien soy, me gusta en lo que me he convertido y me gusta lo que veo en el espejo (a menos que sea un domingo que en realidad es sábado pero el día anterior fue viernes tratado como sábado). Como sea, hoy por fin me caigo bien.

Pues nada, acá sigo y cumpliendo promesa a María aquí seguiré. 

Buenas tardes,

"...Cambio de rumbo 
lejos de acá
fuera del mundo,
cerca del mar."

jueves, 21 de agosto de 2014

Nurinha do Nacimiento. Parte II.


Evidentemente no me iba a atrever a escribir sin haber cumplido mis tres objetivos. Señores ¡lo hice! Broncee mi trasero jamás tocado por el sol, me tomé una cerveza dulce- oscura (una situación rara) en un bar y pasé una tarde con ocho extraños que me divirtieron mucho.

¿Cómo lo hice? "Lo ves... y lo consigues". No, Bul me dice necia, yo creo soy perseverante. La primer experiencia confieso fue liberadora, aunque para serles súper honesta nada fuera del otro mundo. Estas playas son un culto al cuerpo y por tanto sólo fue una gran experiencia para mi, el resto de la playa ni lo notó. Y más porque cometí la puntada de pasar alrededor de una hora en una de las pocas zonas gay, si no es que la única, de tooooda la playa de Río de Janeiro. ¿Cómo?: ¡Fácil! Al tercer día de hacer el mismo recorrido, más o menos ubicas dónde es donde hay más gente y como era un día extremadamente soledado la playa triplicó su audiencia y los monumentos mejor esculpidos estaban ahí, lo siento, que impresión de cuerpos; músculos que sabes tienes, pero jamás notas, pues a ellos se les ve hasta el funcionamiento. Así que decidí no tomar mi libro que dicho sea de paso compré en el aeropuerto y ¿porqué no? es el tercer tomo de una trilogía que evidentemente no he leído, pero bueno, decidí posponer la lectura para evitar llanto con tremendos caballeros y cuando la sed me llamó y me levanté por una cerveza, fue inevitable notar las banderas multicolores y caí en cuenta que obviamente estaba en zona gay. Pffffff era de esperarse que mi blanco trasero al aire no les causó la más mínima emoción. Sin embargo, me sentí en mayor libertad de ignorar los dobleces de panza que se hacen al sentarse en posición de flor de loto y me dispuse a observar y ocasionalmente sonreír a quien por casualidad de ubicación reconocía mi existencia.

Una vez que se ocultó el sol, volví a mi vestimenta turista y tomé un taxi al barrio de Santa Teresa, un lugar precioso, donde algún día viviré. No están para saberlo, pero cuando por casualidad llego a enloquecer, digo que voy a dejar todo y me vendré a vender cocos a Brasil, así que ya saben ahí me pueden encontrar si algún día de verdad cumplo ese arranque. Y post mil hermosas fotografías dije ¡¡¡aquí!!! Aquí me sentare y tomaré una cerveza porque soy un adulto capaz de beber sólo por placer, (que no se confunda con alcoholismo porque ese es otra entrada completamente diferente) para festejar mi casi cumpleaños. Y así rodeada de mucha gente mayor tomé mi vasito y a beber. Un inesperado sabor dulce me tomó por sorpresa, una cosa rara, muy rara, pero lo hice. Y como estamos en modo económico y había desayunado sólo cereal Nesfit evidentemente, tenía un poco de hambre y decidí tomar ventaja de mi espíritu aventurero para probar comida típica brasileña: feijoada, cuyos ingredientes son frijoles y carne de puerco en salazón, arroz, una especie de quelites y farofa (harina de mandioca). Al final una naranja, ¿por qué? no tengo idea, pero así se come. Todo se mezcla y es una bomba literal estomacal. Misma que un día después sigo pagando.

Tras una terrible noche, hoy mi rodilla izquierda se unió al paro con mi estómago y decidí no ir en contra de mi ser y solamente ir a la playa a leer. Grata sorpresa fue que al caminar un trío de argentinos que jugaban con un balón me abordaron para hacerme plática. Un par de tragos de frenet con coca, caipirinhas, cerveza, coco con cachaza y Jack después, me terminé enterando que estaban ahí porque iban a la despedida de soltero de Nicolás que finalmente no se casa porque se separó de su prometida hace un mes y ya no pudieron cancelar el viaje, que el grupo completo incluía a otros cinco individuos y si hablan entre ellos difícilmente se les entiende otra palabra que no sea "boludo" y se conocen desde que iban en primaria, que no hay cocos en Argentina, que para ellos México es sinónimo de tequila, chile y cocaína (pequeño error de nuestro amigo Martin que juró que Pablo Escobar era mexicano), que la situación económica está bastante compleja, que la palabra "coqueto" es imposible de explicar, y que cuando dicen "chupame un huevo" dicen que sólo es uno porque no se habla con la boca llena, y mejor aun que cuando se lo dicen a Jhonny le tienen que decir "chupame EL huevo" porque sólo tiene uno y lo mejor de todo fue que yo por fin hablé mas de 20 minutos con alguien en un idioma que pude entender y reí y reí muchísimo.

Así terminó mi día hoy. Cenando un sandwich de queso panela que mi estómago aun no estaba listo para recibir y sin conocer Río de noche porque me temo la rockstar que vive en mi prefiere bailar "Chandelier" de Sia con mi princesa en la sala de mi casa en lugar de arriesgarme a buscar samba en un lugar donde definitivamente no conocen mi chiflido de salvación.

Siguiente parada: Chile.

Buenas noches.
Nuria.




































martes, 19 de agosto de 2014

Nurinha do Nacimiento. Parte I.

Les tengo un tip por si algún día llegan a caminar por las calles de Río de Janeiro y traen vestido y/o falda: ¡¡NO PASEN POR LAS COLADERAS!! ¡¡Que bruto!! Nadie me dijo que avientan aire y yo casual flashée a medio Ipanema. Gracias a dios estaba en modo turista y traía traje de baño de calzonzinho, aunque eso evidentemente no quita la vergüenza de sonreirles roja cual manzana red delicious recién pulida a quienes estaban a mi alrededor.

Evidentemente estoy en Brasil, gracias a mi hermana y mis papás que son una chulada y me patrocinaron cual adolescente soy, tengo la fortuna de evitarme la forrada de libros que el papá de Emilia está sufriendo y estoy en Río buscando a Blue (chiste de papás, lo siento). 

Así pues mi travesía de hoy comenzó con la peor actitud del mundo, el clima no ayudó en nada en mis ganas de levantarme y honestamente jamás me había imaginado sola de vacaciones sin absolutamente nadie con quien reír de las estupideces que se me ocurren, porque obvio vivo sin internet por la calle. De alguna forma con ayuda de mis amigos, a distancia, salí a explorar Brasil, me bañé, y al ritmo de Lupita D'Alessio y (...) no preguntes con quien me desato las ganas suspiro a suspiro, tu no tienes derecho a pedirme un motivo (...) me dirigí a la playa de Leblon. 

Una vez instalada y con arena en zonas donde no debería tener, comencé a leer "Pedro y el Capitán" de Mario Bendetti, (gracias Ale) situación que disfruté en demasía al ser un gran libro... hasta el ensayo de: cómo se habla a solas y el anhelo de tocar la mano de Aurora ... alias Beatriz... de Pedro. Es irreal la forma en la que me hacen llorar los libros, de verdad, tocan fibras en mi que normalmente creo tener controladas. De algún modo logré percibir que tenía audiencia y un adolescente carioca me juzgaba por llorar. Instante siguiente me levanté y caminé y caminé y caminé hasta llegar a Copacabana.

Tengo que reconocer que no hablar el idioma ha sido una barrera importante en este viaje, la idea del diccionario que me propusieron, ahora no me parece tan exagerada (estoy reconociendo públicamente que tienes razón, ¡Feliz Navidad!); cualquiera pensaría que la similitud de vocabulario sería un facilitador en la comunicación. No lo es, los amables brasileños hablan a una velocidad impresionante y su forma de pronunciar es imposible de entender. Bueno de alguna forma he conseguido lo básico indispensable, llámese: cerveza, comida y direcciones. Y así he logrado regresar todas las noches a mi pequeño recinto brasileño.

Y de pronto sin darme cuenta había recorrido lo que a mi me parecieron cinco maratones en una tarde, confieso que no la pasé nada mal pese a mi terrible actitud matutina, y la verdad es que cómo hacerlo cuando estas en un país donde la mayoría de las personas, hombres y mujeres son cual visiones. No exagero, son personas de verdad hermosas y los brasileños una cosa coqueta sin piedad. "Bella meshicana" "Linda menina" fueron algunas de las cosas que hoy me levantaron el autoestima, que no voy a mentir se reduce algo al ver a las muñecas de dos metros en tangas surfeando en la playa de Copacabana, pero mejor nos concentramos en el hecho de qué algún día conseguiremos ese cuerpo de Cameron Díaz en Charlie´s Angels.

Una tapioca deliciosa con coco y lechera y un suco de guava después aquí estoy aun sin tanga brasileña, sin entablar una "amisad" porque tristemente me dieron un teléfono falso como cuando iba en preparatoria y no quería dar mi teléfono real jajaja me la regresaron años después (karma is a bitch) y sin atreverme a tomar una cerveza sola por la noche en algún bar. Me quedan dos días para lograrlo. Tenganme fe, seguro lo consigo.

Es todo por el momento, stay tuned. Estoy segura que Brasil aun me tiene mas osos por compartir en modo #soysola.

Boa noite.
Nuria.